"IX", sin más. Es un extracto de un intento de libro que hice hace un año. No me gusta el título que puse y no quiero darlo a conocer así. El nueve en números romanos hace referencia al capítulo que es. Por cierto: es el contrario a uno de los "capítulos" del primer relato que publiqué. Está menos pulido, pero me gusta mucho. Sobre todo el final. Primero escribí esto, y luego decidí "darle la vuelta". El libro era una especie de colección de cartas y con el tiempo sé que acabaré publicando más porque hay capítulos que me gustan mucho y que no deberían de olvidarse. Esto no es lo que tenía pensado publicar esta semana, pero el relato que estoy preparando merecerá la espera, ¡ya veréis!
IX
La luz de la mañana pasaba furtivamente por la ventana,
bañándolo todo en un cálido dorado.
Todo estaba en calma. Las ramas no bailaban con el viento ni había pájaros cantando. O puede que los hubiere pero no reparé en ello. Sí reparé en el
olor a césped recién cortado.
Y tú entrabas… Con esa mirada. Esa mirada que me enamoró,
esa mirada que me condenó a
ser esclavo de tu corazón hasta el día de mi muerte.
Entraste, me miraste y sonreíste. Con esa
sonrisa única, esa sonrisa que se te escapaba cuando nada
más importaba, cuando todo lo que
existía éramos nosotros y la carretera.
Y me besaste. Con uno de esos besos que jamás experimenté
con nadie más. Esos besos que
delataban cuánto me querías, que me dabas cuando nada más
importaba. Y yo sentía que
estaban hechos a mi medida. Y por ello sabía que estaríamos
juntos toda la vida.
Tras el beso me diste los buenos días con esa voz… Esa voz
tan dulce, esa voz rebosante del
mañana, de amor, compuesta por cariño, alegría y… y ese no sé qué que queda balbuciendo. Te
deslizaste a mi lado y me abrazaste. Y de nuevo no importaba
nada más. ¿Qué iba a importar si
me querías? Por alguna razón sabía que ahí fuera hacía un
día espléndido, primaveral. Con la
temperatura perfecta, con el césped más verde imaginable y
el cielo azul más nítido que nadie
pudiera soñar.
Me dijiste… En ese momento… Me dijiste que no dijera nada.
Que si podía oír el silencio. Y es
que contigo podía oírlo y no importaba. Y por última vez me
besaste y por última vez no
importó nada más. Por última vez me abrazaste. Por última
vez me diste los buenos días con
esa voz tan dulce. Por última vez entraste, me miraste
y sonreíste.Por última vez soñé contigo.
Y por primera vez desperté sin ti.

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