La enorme losa se deslizó suavemente (para mi sorpresa) contra el suelo del mausoleo. La tenue luz de las velas iluminaba el lugar dejando entrever los ramos que yo mismo deposité tiempo atrás. El suelo, lleno de hojas arrancadas. Las paredes, colmadas de fotografías. Y yo, buscando mi Rêveur.
Había, ante mi lugar de descanso, un pequeño pedestal con rosas. Lenta y melancólicamente me acerqué a él. Estaban frescas. Y entre ellas, se encontraba ella.
Rêveur...