I. La cerveza fría
Raymond, de treinta y seis años, esperaba impaciente en su
celda de la prisión de Canterbury donde había vivido más de la mitad de su
vida. Se trataba de uno de los diez reos que habían recibido un sorprendente indulto
por buen comportamiento.
Desconocedor de la situación tan dramática que reinaba en el
mundo libre, solo podía pensar en que eran las diez de la noche y llevaba sin
saborear una refrescante cerveza desde 1.896. Por quinta vez se despedía de sus
compañeros de infortunio: Harry, Albert, el bajito Charlie... Ellos no habían
corrido su suerte.
