lunes, 27 de enero de 2014

Alchimiæ 3 (Primera parte)


Nueva semana, nuevo relato. Alchimiæ 3 es un relato en el que llevaba pensando desde el verano pasado y que por fin he podido empezar. Lo hago con mucha ilusión, e intentando sorprenderos y engancharos desde el primer momento. No penséis por el título que estáis ante una tercera parte. Es un relato único, aunque como siempre, intento que de algún modo esté conectado con todo lo que hago y tengo pensado hacer. Como siempre, cuando lo termine pondré las curiosidades y de paso explicaré el significado del título.

¡Hasta el lunes que viene!



I. El Príncipe de Adab

¡Oh, Señor! ¿Cómo pude llegar a esto? ¡Oh, Señor! ¿Cómo pude abandonarme de un modo tan primitivo? ¿Cómo pude cegame de esta manera por el ardiente brillo del adorado metal? Es hora de expiar mis pecados, de purgar mi alma, de dejar atrás toda la maldad que provoqué y que ahora pago.

Nunca olvidaré el momento en que conocí al Conde de Byron. Llevo recordando más de quinientos años aquel día. Yo trabajaba como boticario en la actual Turquía y aunque nunca tuve grandes ambiciones sí que era avaricioso. Avaricioso, ladino, sibilino, zaino, mentiroso... Ese era yo. Ansiaba más poder, más riquezas. Era un día aburrido, caluroso, cargante y desesperadamente monótono. Entonces entró él con unas vestimentas que no se pondrían de moda hasta ocho siglos después, con una enigmática y a la vez embaucadora sonrisa dando la sensación de conocerlo todo sobre mí, que iba y venía a placer entre lugares tan distantes como el hundimiento del Titanic y la locura de Nerón con solo pensarlo. Su misma presencia me heló la sangre, me aterró, y animó con una excitación jamás padecida.

lunes, 20 de enero de 2014

IX



"IX", sin más. Es un extracto de un intento de libro que hice hace un año. No me gusta el título que puse y no quiero darlo a conocer así. El nueve en números romanos hace referencia al capítulo que es. Por cierto: es el contrario a uno de los "capítulos" del primer relato que publiqué. Está menos pulido, pero me gusta mucho. Sobre todo el final. Primero escribí esto, y luego decidí "darle la vuelta". El libro era una especie de colección de cartas y con el tiempo sé que acabaré publicando más porque hay capítulos que me gustan mucho y que no deberían de olvidarse. Esto no es lo que tenía pensado publicar esta semana, pero el relato que estoy preparando merecerá la espera, ¡ya veréis!

miércoles, 15 de enero de 2014

Curiosidades de "Alentis"


He querido poner las curiosidades de Alentis en una entrada a parte por capricho más que por otra cosa, a decir verdad. Es un relato con el que he disfrutado mucho, es un relato que me ha emocionado escribir y la verdad es que he desarrollado un enorme cariño por los dos protagonistas. Ambos tienen un poquito de mí, y son hasta ahora, los únicos personajes a los que he querido ahorrarles sufrimientos. Solo el justo para la historia.

En su lugar de mi Abismo, Ale y Akeboshi viven felices. No van a volver a salir en ningún relato ni nada. Merecen una vida tranquila. Tras el salto, os encontraréis con un par de curiosidades y anécdotas que seguro que os han pasado desapercibidas. ¡Hasta el lunes que viene!

lunes, 13 de enero de 2014

Alentis (Parte V)


V. De ayer

Ale paseaba de la mano de su mujer mientras empujaban con la otra el carrito de sus mellizos. Aquel parque fue donde se prometieron cuatro años atrás. Quince habían pasado desde el verano en que conoció a Akeboshi. Los árboles estaban preciosos en mayo, con distintos tonos de verde adornados por las pinceladas vivas de las flores.

—¿Fue este el banco en el que estábamos sentados? —preguntó en tono burlesco a su mujer.

—No te hagas el tonto conmigo —dijo sonriendo—, que sé que te acuerdas. —Su marido soltó una carcajada que se vio superada por el teléfono de ella— Perdona cariño, es del trabajo.

lunes, 6 de enero de 2014

Alentis (Parte IV)


IV. Aquí y ahora

La noche anterior se había alargado hasta altas horas de la madrugada. La calma del pueblo, la música de Akeboshi y el despertar de un Ale menos introvertido habían sido los ingredientes de un recuerdo que se había grabado a fuego en las almas de los dos jóvenes.

La tranquilidad volvía a ser la protagonista a la mañana siguiente. Akeboshi no había podido pegar ojo. Se había despedido de Ale en las escaleras de la iglesia y se perdió entre las callejuelas de Alentis, por donde había vagado durante unas horas con la única compañía de la música. Un sinfín de sentimientos chocaban en su corazón, pues era consciente de que la despedida estaba muy cerca.

Cogió su guitarra y subió monte arriba y esperó entre lágrimas a que surgiese el Sol. No quería que Ale sufriera más de la cuenta, no quería que supiese que él nunca más podría volver a Alentis. Había visto en aquel chico un reflejo de lo que él había sido, y sabía qué era estar solo. Conocía esa sensación de abandono y ese dolor. Se había convertido en un ídolo para Ale, en algo más que un amigo. Su corazón lo había adoptado como a un hermano mayor. Le era tan doloroso despedirse... Le era tan doloroso saber que posiblemente jamás volverían a verse...