Nueva semana, nuevo relato. Alchimiæ 3 es un relato en el que llevaba pensando desde el verano pasado y que por fin he podido empezar. Lo hago con mucha ilusión, e intentando sorprenderos y engancharos desde el primer momento. No penséis por el título que estáis ante una tercera parte. Es un relato único, aunque como siempre, intento que de algún modo esté conectado con todo lo que hago y tengo pensado hacer. Como siempre, cuando lo termine pondré las curiosidades y de paso explicaré el significado del título.
¡Hasta el lunes que viene!
I. El Príncipe de Adab
¡Oh, Señor! ¿Cómo pude llegar a esto? ¡Oh, Señor! ¿Cómo pude
abandonarme de un modo tan primitivo? ¿Cómo pude cegame de esta manera por el
ardiente brillo del adorado metal? Es hora de expiar mis pecados, de purgar mi alma,
de dejar atrás toda la maldad que provoqué y que ahora pago.
Nunca olvidaré el momento en que conocí al Conde de Byron.
Llevo recordando más de quinientos años aquel día. Yo trabajaba como boticario
en la actual Turquía y aunque nunca tuve grandes ambiciones sí que era
avaricioso. Avaricioso, ladino, sibilino, zaino, mentiroso... Ese era yo.
Ansiaba más poder, más riquezas. Era un día aburrido, caluroso, cargante y
desesperadamente monótono. Entonces entró él con unas vestimentas que no se
pondrían de moda hasta ocho siglos después, con una enigmática y a la vez
embaucadora sonrisa dando la sensación de conocerlo todo sobre mí, que iba y
venía a placer entre lugares tan distantes como el hundimiento del Titanic y la
locura de Nerón con solo pensarlo. Su misma presencia me heló la sangre, me aterró,
y animó con una excitación jamás padecida.



