martes, 18 de marzo de 2014

Historias grabadas a la luz de la luna (Parte I)


I. La cerveza fría

Raymond, de treinta y seis años, esperaba impaciente en su celda de la prisión de Canterbury donde había vivido más de la mitad de su vida. Se trataba de uno de los diez reos que habían recibido un sorprendente indulto por buen comportamiento.

Desconocedor de la situación tan dramática que reinaba en el mundo libre, solo podía pensar en que eran las diez de la noche y llevaba sin saborear una refrescante cerveza desde 1.896. Por quinta vez se despedía de sus compañeros de infortunio: Harry, Albert, el bajito Charlie... Ellos no habían corrido su suerte.

viernes, 14 de marzo de 2014

Curiosidades de Alchimiæ 3



¡Atención, no leas esto si no has acabado de leer el relato!

-Jabir bin Yanyah es un anagrama de Jabir ibn Hayyan, famoso alquimista del siglo VIII.

-La biblioteca con la que sueña el protagonista es la de Alejandría.

-Aunque "Alchimiae" pueda parecer latín, lo cierto es que se trata de una palabra que no existe.

-El número 3 en el título hace referencia al número total de veces que he tenido que comenzar a escribir el relato.

Alchimiæ 3 (Parte VIII, final)


VII. Hades

He ido a la fiesta de presentación. La sala donde se celebraba era descomunal, plagada de estanterías, con una bóveda de cristal y en el centro, tapada con una lona negra se encontraba la Kairos 9600. Nadie se ha aventurado a levantar el misterioso velo, aunque alguno de los asistentes sí que desviaban la mirada en mitad de sus conversaciones.

He podido ver a mucha gente importante del mundo de los negocios. Había dirigentes de Lupus Technologies, altos cargos del Lemming Brothers, senadores, gobernadores, abogados, etcétera. Me ha sorprendido muchísimo ver algunos accionistas de Sunshine Laboratories dado el enfrentamiento público en el que están envueltos contra la cúpula de Lupus Technologies tanto en los medios de comunicación como en los tribunales. Las acusaciones no son tonterías, sino cosas bastante graves. A pesar de ello, hoy a nadie ha parecido importarle esa guerra. El nuevo súperdeportivo de la compañía italiana De Martino, por el contrario, estaba en boca de todos. Su nuevo Vento V-12 es el capricho deseado por muchos de los asistentes, y solo tres han conseguido una de las doscientas cincuenta unidades.

lunes, 10 de marzo de 2014

Alchimiæ 3 (Parte VII)


No fue fácil. Saváne era insistente y aunque me mudé diez veces, diez veces consiguió encontrarme. El Conde así lo disponía, sin embargo pronto descubrí que ciertas cosas se escapan de su control. No solo no podía controlar mi libre albedrío, si no que tampoco pudo (o no quiso) evitar que Saváne enfermase. La tuberculosis se la llevó unos meses después de su última visita. Intenté recabar la información que tenía acerca del endemoniado Conde de Byron: Me dio una piedra filosofal, podía viajar en el tiempo y el espacio, tentar a las personas sin manipular su libertad y me trataba como su juguete, su diversión. ¿Quién era? ¿Por qué lo hacía? Debería haber sido capaz de responder estas dudas hace siglos y a día de hoy sigo sin tener una respuesta clara. Hoy, esta noche, sé que obtendré mis respuestas. Pero antes de eso voy a terminar de relatar los acontecimientos de aquella época.

lunes, 3 de marzo de 2014

Alchimiæ 3 (Parte VI)


VI. Baco

Mi vida hasta el siglo XVIII fue, ciertamente, aburrida. Viví en Grecia la mayor parte del tiempo, cambiando de nombre y fingiendo mi muerte un par de veces. Siempre hacía lo mismo: Enamoraba a una mujer, y procuraba que muriese durante el parto. Si era niño, lo cuidaba hasta la edad de siete u ocho años para posteriormente, asesinarlo también. Cuando fingía mi muerte, reaparecía como el hijo perdido para reclamar mi herencia. Posteriormente me mudé a Inglaterra y me hice con  dicha nacionalidad. Pasé a llamarme Bartholomew Birdwhistle, nombre que aún a día de hoy me suena pedante incluso para un británico. Conseguí el título nobiliario de Lord en 1.785 y, en 1.831 fingí mi muerte una vez más. Aprendí a maquillarme para aparentar más edad e incluso descubrí que, aplicando una infusión a base de manzanilla cada día lograba que poco a poco mi pelo fuese decolorándose dando la sensación de vejez progresiva. A mediados del siglo diecinueve, gracias al trabajo de William Nicholson y el señor Faraday en el campo de la electrólisis (que el propio Nicholson descubrió accidentalmente) pude decolorármelo con agua oxigenada.

lunes, 24 de febrero de 2014

Alchimiæ 3 (Parte V)


V. Némesis

Los momentos siguientes al magnicidio fueron desconcertantes. El Príncipe de Adab, a quien esperaba ver, no apareció. Por un momento me sentí perdido, sin saber qué hacer, con el arma ensangrentada en mis manos. Mis cómplices observaban impasibles, con una frialdad que hoy me asusta. «¿Qué harás?», me decía Kukort; «¡Páganos!», decía una joven. Les miré y di las instrucciones pertinentes. El cuerpo del sultán sería incinerado, y mi ascenso sería anunciado por todo lo alto como lo mejor que le podría haber pasado al populacho. Dado que tenía mi amada piedra, una fuente inagotable de oro, los pobres no tendrían que pagarnos unos impuestos tan elevados. Solo algo simbólico para evitar que se volviesen perezosos.

lunes, 17 de febrero de 2014

Alchimiæ 3 (Parte IV)


IV. Asclepio

En poco tiempo tuve la mayor botica que un hombre de aquella época hubiese podido imaginar. Tenía en mi bolsillo a comerciantes de todo tipo de regiones, a los guardias de la ciudad, recaudadores de impuestos, bandidos... Cualquiera con un mínimo de repercusión en la pequeña sociedad tenía un pedacito de oro todas las semanas. Los demás miembros de mi gremio permanecían constantemente bajo los efectos de la adormidera. Pronto, incluso la propia realeza tuvo que recurrir a mis servicios.

El día que vi por primera vez al Sultán me saludó por mi nombre. La sensación fue indescriptible, pero no lo suficientemente complaciente. Tuve la sensación de que conocía mis planes, lo vi en sus ojos. Y quizás por eso me encargó un remedio tan particular para la artritis. Lo más normal era pedir cúrcuma, pues eran muchos los males que podía sanar. La planta de la que se obtiene dicha especia, que por cierto se utiliza en la elaboración del curry, tiene una flor preciosa. Nunca faltó en ninguno de mis hogares una Curcuma longa. En su mejor momento los sépalos escondían, como sorpresa para los curiosos, unos detalles rojizos; del mismo cáliz emergían unos brotes naranjas similares a las flores de la Mirabilis jalapa o dondiego de noche; y por último se coronaban con unos magníficos pétalos blancos.

lunes, 10 de febrero de 2014

Alchimiæ 3 (Parte III)



III. Ares

No quería simplemente hacerme con el poder del Sultanato, no. Quería hacerlo de una manera especial. Quería que, primero, se me reconociera como el mejor boticario de la ciudad. Muchos del gremio consiguieron una posición aventajada solo por caprichos del destino y era hora de que ese mismo destino saldase su deuda conmigo, pero con unos intereses muy altos.

Durante mi regreso me recreé en la cara de mis compañeros de oficio. Pensaba en cómo los humillaría, cómo les obligaría a reconocer mi supremacía haciéndoles creer que eso les salvaría. Me veo en la tesitura de explicar que yo no gozaba de buena fama entre los comerciantes. Cuando todo esto ocurrió, no habría sabido explicar el motivo de mi baja reputación. Ahora lo veo todo tan claro...

lunes, 3 de febrero de 2014

Alchimiæ 3 (Parte II)


II. Hebe

Me sentía invencible e inmortal. Me sentía superior a la moralidad y a la ética. Sabía qué era lo que poseía, lo que esa piedra lograba dar a su dueño. Pensaba convertirme en el mejor de los boticarios para así poder llamar la atención del Sultán, introducirme en la corte y, uno a uno, ir comprando a toda su guardia. Entonces lo destronaría y me haría con el reino para después poder conseguirlo todo.

Mi principal problema radicaba en que desconocía cómo usar la reliquia. Malvendí mi tienda, mi casa y todas mis pertenencias para poder dedicarme totalmente a mi objetivo. Emprendí un largo viaje en busca del conocimiento necesario, visité la cuna de la democracia y permanecí allí durante un mes hasta que, finalmente, di con la persona adecuada. Solo el pensar en lo que pasaría después todavía me revuelve el estómago, y ha pasado tanto tiempo... Se trataba de un anciano de larga barba, chepudo y con dificultades para caminar. Él fue quien me indicó mi siguiente objetivo: Una antiquísima biblioteca con docenas de manuscritos sobre incontables temas. Jamás olvidaré la expresión que puso cuando le enseñé la piedra. En sus ojos vi la misma codicia que a mí me poseía desde que tenía uso de razón, vi cómo afloraba la esperanza en el reflejo de una vida desperdiciada buscando lo que yo sostenía en la palma de mi mano.

lunes, 27 de enero de 2014

Alchimiæ 3 (Primera parte)


Nueva semana, nuevo relato. Alchimiæ 3 es un relato en el que llevaba pensando desde el verano pasado y que por fin he podido empezar. Lo hago con mucha ilusión, e intentando sorprenderos y engancharos desde el primer momento. No penséis por el título que estáis ante una tercera parte. Es un relato único, aunque como siempre, intento que de algún modo esté conectado con todo lo que hago y tengo pensado hacer. Como siempre, cuando lo termine pondré las curiosidades y de paso explicaré el significado del título.

¡Hasta el lunes que viene!



I. El Príncipe de Adab

¡Oh, Señor! ¿Cómo pude llegar a esto? ¡Oh, Señor! ¿Cómo pude abandonarme de un modo tan primitivo? ¿Cómo pude cegame de esta manera por el ardiente brillo del adorado metal? Es hora de expiar mis pecados, de purgar mi alma, de dejar atrás toda la maldad que provoqué y que ahora pago.

Nunca olvidaré el momento en que conocí al Conde de Byron. Llevo recordando más de quinientos años aquel día. Yo trabajaba como boticario en la actual Turquía y aunque nunca tuve grandes ambiciones sí que era avaricioso. Avaricioso, ladino, sibilino, zaino, mentiroso... Ese era yo. Ansiaba más poder, más riquezas. Era un día aburrido, caluroso, cargante y desesperadamente monótono. Entonces entró él con unas vestimentas que no se pondrían de moda hasta ocho siglos después, con una enigmática y a la vez embaucadora sonrisa dando la sensación de conocerlo todo sobre mí, que iba y venía a placer entre lugares tan distantes como el hundimiento del Titanic y la locura de Nerón con solo pensarlo. Su misma presencia me heló la sangre, me aterró, y animó con una excitación jamás padecida.

lunes, 20 de enero de 2014

IX



"IX", sin más. Es un extracto de un intento de libro que hice hace un año. No me gusta el título que puse y no quiero darlo a conocer así. El nueve en números romanos hace referencia al capítulo que es. Por cierto: es el contrario a uno de los "capítulos" del primer relato que publiqué. Está menos pulido, pero me gusta mucho. Sobre todo el final. Primero escribí esto, y luego decidí "darle la vuelta". El libro era una especie de colección de cartas y con el tiempo sé que acabaré publicando más porque hay capítulos que me gustan mucho y que no deberían de olvidarse. Esto no es lo que tenía pensado publicar esta semana, pero el relato que estoy preparando merecerá la espera, ¡ya veréis!

miércoles, 15 de enero de 2014

Curiosidades de "Alentis"


He querido poner las curiosidades de Alentis en una entrada a parte por capricho más que por otra cosa, a decir verdad. Es un relato con el que he disfrutado mucho, es un relato que me ha emocionado escribir y la verdad es que he desarrollado un enorme cariño por los dos protagonistas. Ambos tienen un poquito de mí, y son hasta ahora, los únicos personajes a los que he querido ahorrarles sufrimientos. Solo el justo para la historia.

En su lugar de mi Abismo, Ale y Akeboshi viven felices. No van a volver a salir en ningún relato ni nada. Merecen una vida tranquila. Tras el salto, os encontraréis con un par de curiosidades y anécdotas que seguro que os han pasado desapercibidas. ¡Hasta el lunes que viene!

lunes, 13 de enero de 2014

Alentis (Parte V)


V. De ayer

Ale paseaba de la mano de su mujer mientras empujaban con la otra el carrito de sus mellizos. Aquel parque fue donde se prometieron cuatro años atrás. Quince habían pasado desde el verano en que conoció a Akeboshi. Los árboles estaban preciosos en mayo, con distintos tonos de verde adornados por las pinceladas vivas de las flores.

—¿Fue este el banco en el que estábamos sentados? —preguntó en tono burlesco a su mujer.

—No te hagas el tonto conmigo —dijo sonriendo—, que sé que te acuerdas. —Su marido soltó una carcajada que se vio superada por el teléfono de ella— Perdona cariño, es del trabajo.

lunes, 6 de enero de 2014

Alentis (Parte IV)


IV. Aquí y ahora

La noche anterior se había alargado hasta altas horas de la madrugada. La calma del pueblo, la música de Akeboshi y el despertar de un Ale menos introvertido habían sido los ingredientes de un recuerdo que se había grabado a fuego en las almas de los dos jóvenes.

La tranquilidad volvía a ser la protagonista a la mañana siguiente. Akeboshi no había podido pegar ojo. Se había despedido de Ale en las escaleras de la iglesia y se perdió entre las callejuelas de Alentis, por donde había vagado durante unas horas con la única compañía de la música. Un sinfín de sentimientos chocaban en su corazón, pues era consciente de que la despedida estaba muy cerca.

Cogió su guitarra y subió monte arriba y esperó entre lágrimas a que surgiese el Sol. No quería que Ale sufriera más de la cuenta, no quería que supiese que él nunca más podría volver a Alentis. Había visto en aquel chico un reflejo de lo que él había sido, y sabía qué era estar solo. Conocía esa sensación de abandono y ese dolor. Se había convertido en un ídolo para Ale, en algo más que un amigo. Su corazón lo había adoptado como a un hermano mayor. Le era tan doloroso despedirse... Le era tan doloroso saber que posiblemente jamás volverían a verse...