viernes, 14 de marzo de 2014

Alchimiæ 3 (Parte VIII, final)


VII. Hades

He ido a la fiesta de presentación. La sala donde se celebraba era descomunal, plagada de estanterías, con una bóveda de cristal y en el centro, tapada con una lona negra se encontraba la Kairos 9600. Nadie se ha aventurado a levantar el misterioso velo, aunque alguno de los asistentes sí que desviaban la mirada en mitad de sus conversaciones.

He podido ver a mucha gente importante del mundo de los negocios. Había dirigentes de Lupus Technologies, altos cargos del Lemming Brothers, senadores, gobernadores, abogados, etcétera. Me ha sorprendido muchísimo ver algunos accionistas de Sunshine Laboratories dado el enfrentamiento público en el que están envueltos contra la cúpula de Lupus Technologies tanto en los medios de comunicación como en los tribunales. Las acusaciones no son tonterías, sino cosas bastante graves. A pesar de ello, hoy a nadie ha parecido importarle esa guerra. El nuevo súperdeportivo de la compañía italiana De Martino, por el contrario, estaba en boca de todos. Su nuevo Vento V-12 es el capricho deseado por muchos de los asistentes, y solo tres han conseguido una de las doscientas cincuenta unidades.


Tras unos instantes de distracción mi mente volvió al Conde. He empezado a buscarlo entre los grupos de personas que se habían ido formando a lo largo de la velada en el salón principal. Finalmente lo he encontrado en un despacho apartado de la fiesta, contemplando la noche neoyorquina con una copa de champán en la mano derecha y la izquierda, reposando en el bolsillo del pantalón. Pude percatarme de que me observaba a través del reflejo del ventanal, se ha dado la vuelta y me ha entregado la piedra filosofal una vez más. «Me parece que esto es tuyo Jabir», ha dicho.

Manteniendo un semblante serio me ha explicado que solo necesitaba que la tuviese durante unas horas. Me ha parecido un cambio de actitud muy curioso porque daba la sensación de que, por una vez, no quería que algo saliese mal. ¿Acaso el siglo XXI le había hecho madurar o perder su cinismo? Sea como fuere he vuelto a encontrarme con la piedra en mis manos, he vuelto a sentir el frío tacto de su maldad en mi poder. No quería tenerla por más tiempo, no quería volver a dañar a alguien. Ahora descansa aquí, a mi lado. Puedo sentir su influencia sobre mí, y me hace recordar cada crimen que he cometido...

Después de guardarme la piedra en el bolsillo de la americana, mi anfitrión ha sacado de su chaleco un reloj. En ese momento el corazón me ha dado un vuelco y se me ha helado la sangre. Ese artilugio, ese traje... Ya los había visto antes, el día en que conocí al Conde. Tras mirarme a los ojos me ha mostrado una piedra idéntica a la que yo tengo, pero visiblemente nueva. «Disfruta de la velada», me ha susurrado sonriendo antes de ir al salón central donde estaban todos. He ido detrás, ha pedido a los asistentes que guardaran silencio y ha comenzado un discurso.

«Damas y caballeros, lo primero me gustaría agradecer que estén todos hoy aquí conmigo, celebrando este hito de la Humanidad. Desde hace décadas, el hombre ha soñado con los viajes en el tiempo, con poder visitar la Prehistoria, el Antiguo Egipto en todo su esplendor, el Imperio Persa, el Renacimiento... ¿Me equivoco? ¿Acaso no sería fantástico contemplar cómo Miguel Ángel pinta la Capilla Sixtina? ¿Cómo Nerón le prendió fuego a Roma? ¿No les gustaría ver la reacción de Cristóbal Colón cuando llegó a América por primera vez? Bien amigos míos, pues ahora es posible. Todos esos días han llegado. ¡Les presento la Kairos 9600!»

Mientras hablaba, se podía ver un vídeo con representaciones de diversas épocas y gente viajando a ellas. Finalmente ha desvelado el prototipo, que era una cápsula oval con el interior muy parecido al de un caza de combate aunque con menos botones. Ha explicado que, aunque esa unidad solo tenía un asiento, fabricaría modelos para uno, dos y cuatro ocupantes. «Imaginen un viaje de ensueño al París del siglo XIX, a la Venecia del XVII!»

Su discurso ha durado lo menos cuarenta minutos, y a cada palabra que pronunciaba mi corazón iba latiendo con más fuerza. Sentía cómo se acercaba el momento y sabía lo que iba a hacer: Iba a viajar hasta el momento en que me dio la piedra y por fin iba a conocer el motivo. Una parte de mí estaba expectante y la otra confundida. Todo este tiempo había creído que el Conde era algún tipo de ser demoníaco con mucho tiempo libre. Siempre pensé que él no era de este mundo. Y pese a que ahora mismo conozco la mayoría de los detalles, hay cosas que no me cuadran. Todavía me niego a creer lo que me ha dicho.

«Todos los presentes tenemos algo en común. O bien poseemos una, o simplemente somos conscientes de la realidad sobre las piedras filosofales. Cada una tiene una forma y dimensiones únicas e irrepetibles», entonces ha procedido a sacar la piedra que me había mostrado instantes antes en el despacho. «Ahora voy a cortar, delante de todos ustedes, esta piedra para que puedan comprobar que realmente la máquina funciona», y así lo ha hecho. Ha dejado el otro pedazo de piedra sobre una mesa, se ha introducido en la Kairos y antes de cerrar la cabina ha gritado: «¡Damas y caballeros contemplen el viaje temporal!» Un destello terrible, azulado y acompañado por un estruendo similar al de un trueno ha iluminado toda la sala. Al descubrir que la máquina estaba vacía, algunos han dejado escapar una ovación seguida de murmullos. La sorpresa ha dado paso a la preocupación al no saber qué estaba sucediendo ni si el Conde iba a volver.
Tras esos minutos de incertidumbre, el público a roto el silencio con un estruendoso aplauso cuando él ha vuelto. Ha salido del despacho de antes y ha gritado mi nombre: «¡Jabir! ¡Levante aquello que le entregué hace siglos!» Todo el mundo se ha quedado mirándome. «Saque la piedra y compruebe que el trozo que he partido antes encaja en ella», ha dicho ante el estupor de todos. Lentamente, con el corazón a punto de estallar, me he acercado a la mesa. Efectivamente: Encajaba. Un hombre, accionista del Lemming Brothers ha preguntado si realmente era inmortal. Incomprensiblemente para él y sorprendentemente para mí, no era el único que gozaba de la vida eterna entre los asistentes. Estaba ante un grupo de alquimistas ricachones, aunque no todos parecían conocer todas las propiedades reales de las piedras.

Ha sido en ese momento cuando mis sospechas se han hecho realidad, cuando aquello que me rondaba la mente durante toda la fiesta se ha confirmado. He comprendido qué pintaba yo en todo eso, por qué maté a tantas personas, por qué tenía la piedra. Marketing. Todo había sido una estrategia de marketing para vender un producto. Necesitaba respirar, así que he tenido que salir al balcón. Podía escuchar de fondo al Conde explicando más cosas sobre la Kairos 9.600, como que “por los intereses de la nación” ciertos momentos históricos (el asesinato de Kennedy o los atentados del World Trade Center) estaban censurados. Un viajero no podía acercarse durante el transcurso de esos acontecimientos a menos de un kilómetro. Otros lugares, como el Área 51 o Guantánamo permanecían “prohibidos” constantemente y en ningún momento se permitiría viajar al futuro para salvaguardar los intereses comerciales de las corporaciones. Aún así, ha dejado claro que la Kairos 9.600 tenía esa capacidad.

Tras contestar a una ronda de preguntas, ha salido a la terraza donde me encontraba y me ha preguntado si pensaba saltar. Ciertamente, lo había pensado pero rápidamente se ha molestado en recordarme lo que debe de ser una regla de la alquimia: Quien por el oro vive, por el oro muere. Saltar sería inútil a no ser que el pavimento estuviese hecho del dorado metal. «Todo lo que he hecho, toda la gente que yo he matado, mi avaricia... ¿Todo para vender tu máquina?», le he preguntado. Con una sonrisa, ha respondido: «¿No ha sido divertido? Sin embargo, yo solo te di la piedra. Tú eres quien decidió usarla mal», y lo más doloroso es que lleva razón. «Eres un miserable, un demonio», he dicho.

«No, Jabir. Solo soy un tipo con suerte. Hace diez años encontré en la casa que acababa de encontrar, un diario escrito y firmado por el Príncipe de Adab. Dicho manuscrito explicaba con todo lujo de detalles cómo construir una máquina del tiempo. Además incluía tu nombre. Decía que te visitara pero sin llegar a hablar contigo o dejar que me vieras, tan solo para conocerte mejor. Después de construir la máquina y dar con tu tienda, viajé al futuro Concretamente hasta las tres y media de esta madrugada: Dentro de unas horas. Y comprobé que mi fiesta de presentación había sido un éxito y que darte la piedra era una empresa necesaria.
Después de ese viaje, organicé la fiesta y he vuelto al pasado para poder darte el artefacto. Cualquier otro recuerdo que tengas sobre mí, aún no lo he vivido. Es curioso esto del tiempo, ¿no crees? No te lo tomes a mal Jabir, solo son negocios. Ahora si me disculpas, tengo que irme. Mi yo de hace diez años tiene que encontrar mi diario. Ah, y otra cosa más. Supongo que tarde o temprano te preguntarás cómo supe que me habías tirado la piedra si aún no he vivido eso. No le des vueltas, lo leí dentro de unas horas en ese diario que estás escribiendo.»

No me cuadraba algo: Si poseía una piedra filosofal, ¿para qué fabricar la Kairos? ¿Para qué vender nada? Antes de que se marchase, se lo he preguntado. Su respuesta ha sido escalofriante: «Porque la piedra puede darte oro, la vida eterna, poder... Pero nunca podrá darte la satisfacción de haber triunfado en los negocios. Hasta la vista Jabir.» «¿A dónde vas ahora?», pregunté. «Hay alguien que quieres que te presente, así que voy a buscarla.»

Supongo que se refería a Saváne... No lo sé. Ahora estoy aquí, en mi casa escribiendo esto. Y me doy cuenta de que si ha leído estas hojas, sin duda ha podido usarlo para hacerme creer durante todo este tiempo que era algo más que un simple humano como yo. Repasando todas las páginas he descubierto algo que dijo en nuestro primer encuentro: Que llevaría a un criminal multimillonario del siglo XXI al suicidio. Ese soy yo, lo sé. El reloj marca las tres. En media hora sé que volverá el Conde. No tengo escapatoria posible, sé que seguirá visitándome, sé que seguirá jactándose de mí.

Su última broma, su última manipulación es esta... Que tendré que hacer una vez más lo que él predijo que haría para poder escapar de su control.

Fin~

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