lunes, 17 de febrero de 2014

Alchimiæ 3 (Parte IV)


IV. Asclepio

En poco tiempo tuve la mayor botica que un hombre de aquella época hubiese podido imaginar. Tenía en mi bolsillo a comerciantes de todo tipo de regiones, a los guardias de la ciudad, recaudadores de impuestos, bandidos... Cualquiera con un mínimo de repercusión en la pequeña sociedad tenía un pedacito de oro todas las semanas. Los demás miembros de mi gremio permanecían constantemente bajo los efectos de la adormidera. Pronto, incluso la propia realeza tuvo que recurrir a mis servicios.

El día que vi por primera vez al Sultán me saludó por mi nombre. La sensación fue indescriptible, pero no lo suficientemente complaciente. Tuve la sensación de que conocía mis planes, lo vi en sus ojos. Y quizás por eso me encargó un remedio tan particular para la artritis. Lo más normal era pedir cúrcuma, pues eran muchos los males que podía sanar. La planta de la que se obtiene dicha especia, que por cierto se utiliza en la elaboración del curry, tiene una flor preciosa. Nunca faltó en ninguno de mis hogares una Curcuma longa. En su mejor momento los sépalos escondían, como sorpresa para los curiosos, unos detalles rojizos; del mismo cáliz emergían unos brotes naranjas similares a las flores de la Mirabilis jalapa o dondiego de noche; y por último se coronaban con unos magníficos pétalos blancos.

lunes, 10 de febrero de 2014

Alchimiæ 3 (Parte III)



III. Ares

No quería simplemente hacerme con el poder del Sultanato, no. Quería hacerlo de una manera especial. Quería que, primero, se me reconociera como el mejor boticario de la ciudad. Muchos del gremio consiguieron una posición aventajada solo por caprichos del destino y era hora de que ese mismo destino saldase su deuda conmigo, pero con unos intereses muy altos.

Durante mi regreso me recreé en la cara de mis compañeros de oficio. Pensaba en cómo los humillaría, cómo les obligaría a reconocer mi supremacía haciéndoles creer que eso les salvaría. Me veo en la tesitura de explicar que yo no gozaba de buena fama entre los comerciantes. Cuando todo esto ocurrió, no habría sabido explicar el motivo de mi baja reputación. Ahora lo veo todo tan claro...

lunes, 3 de febrero de 2014

Alchimiæ 3 (Parte II)


II. Hebe

Me sentía invencible e inmortal. Me sentía superior a la moralidad y a la ética. Sabía qué era lo que poseía, lo que esa piedra lograba dar a su dueño. Pensaba convertirme en el mejor de los boticarios para así poder llamar la atención del Sultán, introducirme en la corte y, uno a uno, ir comprando a toda su guardia. Entonces lo destronaría y me haría con el reino para después poder conseguirlo todo.

Mi principal problema radicaba en que desconocía cómo usar la reliquia. Malvendí mi tienda, mi casa y todas mis pertenencias para poder dedicarme totalmente a mi objetivo. Emprendí un largo viaje en busca del conocimiento necesario, visité la cuna de la democracia y permanecí allí durante un mes hasta que, finalmente, di con la persona adecuada. Solo el pensar en lo que pasaría después todavía me revuelve el estómago, y ha pasado tanto tiempo... Se trataba de un anciano de larga barba, chepudo y con dificultades para caminar. Él fue quien me indicó mi siguiente objetivo: Una antiquísima biblioteca con docenas de manuscritos sobre incontables temas. Jamás olvidaré la expresión que puso cuando le enseñé la piedra. En sus ojos vi la misma codicia que a mí me poseía desde que tenía uso de razón, vi cómo afloraba la esperanza en el reflejo de una vida desperdiciada buscando lo que yo sostenía en la palma de mi mano.

lunes, 27 de enero de 2014

Alchimiæ 3 (Primera parte)


Nueva semana, nuevo relato. Alchimiæ 3 es un relato en el que llevaba pensando desde el verano pasado y que por fin he podido empezar. Lo hago con mucha ilusión, e intentando sorprenderos y engancharos desde el primer momento. No penséis por el título que estáis ante una tercera parte. Es un relato único, aunque como siempre, intento que de algún modo esté conectado con todo lo que hago y tengo pensado hacer. Como siempre, cuando lo termine pondré las curiosidades y de paso explicaré el significado del título.

¡Hasta el lunes que viene!



I. El Príncipe de Adab

¡Oh, Señor! ¿Cómo pude llegar a esto? ¡Oh, Señor! ¿Cómo pude abandonarme de un modo tan primitivo? ¿Cómo pude cegame de esta manera por el ardiente brillo del adorado metal? Es hora de expiar mis pecados, de purgar mi alma, de dejar atrás toda la maldad que provoqué y que ahora pago.

Nunca olvidaré el momento en que conocí al Conde de Byron. Llevo recordando más de quinientos años aquel día. Yo trabajaba como boticario en la actual Turquía y aunque nunca tuve grandes ambiciones sí que era avaricioso. Avaricioso, ladino, sibilino, zaino, mentiroso... Ese era yo. Ansiaba más poder, más riquezas. Era un día aburrido, caluroso, cargante y desesperadamente monótono. Entonces entró él con unas vestimentas que no se pondrían de moda hasta ocho siglos después, con una enigmática y a la vez embaucadora sonrisa dando la sensación de conocerlo todo sobre mí, que iba y venía a placer entre lugares tan distantes como el hundimiento del Titanic y la locura de Nerón con solo pensarlo. Su misma presencia me heló la sangre, me aterró, y animó con una excitación jamás padecida.

lunes, 20 de enero de 2014

IX



"IX", sin más. Es un extracto de un intento de libro que hice hace un año. No me gusta el título que puse y no quiero darlo a conocer así. El nueve en números romanos hace referencia al capítulo que es. Por cierto: es el contrario a uno de los "capítulos" del primer relato que publiqué. Está menos pulido, pero me gusta mucho. Sobre todo el final. Primero escribí esto, y luego decidí "darle la vuelta". El libro era una especie de colección de cartas y con el tiempo sé que acabaré publicando más porque hay capítulos que me gustan mucho y que no deberían de olvidarse. Esto no es lo que tenía pensado publicar esta semana, pero el relato que estoy preparando merecerá la espera, ¡ya veréis!

miércoles, 15 de enero de 2014

Curiosidades de "Alentis"


He querido poner las curiosidades de Alentis en una entrada a parte por capricho más que por otra cosa, a decir verdad. Es un relato con el que he disfrutado mucho, es un relato que me ha emocionado escribir y la verdad es que he desarrollado un enorme cariño por los dos protagonistas. Ambos tienen un poquito de mí, y son hasta ahora, los únicos personajes a los que he querido ahorrarles sufrimientos. Solo el justo para la historia.

En su lugar de mi Abismo, Ale y Akeboshi viven felices. No van a volver a salir en ningún relato ni nada. Merecen una vida tranquila. Tras el salto, os encontraréis con un par de curiosidades y anécdotas que seguro que os han pasado desapercibidas. ¡Hasta el lunes que viene!

lunes, 13 de enero de 2014

Alentis (Parte V)


V. De ayer

Ale paseaba de la mano de su mujer mientras empujaban con la otra el carrito de sus mellizos. Aquel parque fue donde se prometieron cuatro años atrás. Quince habían pasado desde el verano en que conoció a Akeboshi. Los árboles estaban preciosos en mayo, con distintos tonos de verde adornados por las pinceladas vivas de las flores.

—¿Fue este el banco en el que estábamos sentados? —preguntó en tono burlesco a su mujer.

—No te hagas el tonto conmigo —dijo sonriendo—, que sé que te acuerdas. —Su marido soltó una carcajada que se vio superada por el teléfono de ella— Perdona cariño, es del trabajo.