II. Lucidez
Intento despertarme leyendo una y otra vez los bailes
literarios que una vez escribí, que sentí y
que fui capaz de crear. Tengo la escritura atrofiada, la
inspiración adormecida y el alma
despiezada por alguna razón que no alcanzo a comprender.
Y en esa desmotivación donde mi mente ya no logra componer,
descubro que la prosa
empieza a sonarme bien... Comienzo a recordar esa
curiosidad... Ese no parar. Las ganas de
vivir y de escribir vuelven a mí con la musicalidad que no
debí dejar atrás. Y noto
cómo se mueve. Cómo va y viene ese vaivén de palabras que
para bailar no necesitan ni rimas
ni versos. Tan sólo los restos activos de una juventud
inquieta que se agrieta para lanzar al aire
la prosa más hermosa que ha salido de mi pluma.
Y con dulzura te digo, que a la nada se ha ido ese sonido
que te ha confundido, que te ha
hecho dudar de todo lo que has leído. Y recuerdas que la
vida tiene sentido, que hay una
melodía viva que afina tu alma y deja en calma el día a día
que una vez quisiste tirar al mar.
Que no por dejar de amar se pierde el amor por el todo. Yo
no quiero dejar de luchar codo
con codo por los conocimientos que aún no he embargado.

No hay comentarios:
Publicar un comentario