jueves, 21 de noviembre de 2013

Érato (Parte 2)


II. Lucidez

Intento despertarme leyendo una y otra vez los bailes literarios que una vez escribí, que sentí y
que fui capaz de crear. Tengo la escritura atrofiada, la inspiración adormecida y el alma
despiezada por alguna razón que no alcanzo a comprender.

Y en esa desmotivación donde mi mente ya no logra componer, descubro que la prosa
empieza a sonarme bien... Comienzo a recordar esa curiosidad... Ese no parar. Las ganas de
vivir y de escribir vuelven a mí con la musicalidad que no debí dejar atrás. Y noto
cómo se mueve. Cómo va y viene ese vaivén de palabras que para bailar no necesitan ni rimas
ni versos. Tan sólo los restos activos de una juventud inquieta que se agrieta para lanzar al aire
la prosa más hermosa que ha salido de mi pluma.


Y con dulzura te digo, que a la nada se ha ido ese sonido que te ha confundido, que te ha
hecho dudar de todo lo que has leído. Y recuerdas que la vida tiene sentido, que hay una
melodía viva que afina tu alma y deja en calma el día a día que una vez quisiste tirar al mar.

Que no por dejar de amar se pierde el amor por el todo. Yo no quiero dejar de luchar codo

con codo por los conocimientos que aún no he embargado.

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