Prólogo
Antes de empezar con lo que es el relato en sí, quisiera explicar algo. Zeppelin es una historia que escribí hace muchos años y que hace meses decidí rehacer dando mayor importancia a los personajes, sus pensamientos, sus temores, etc.
Quiero agradecer a Aura que me criticara tanto Zeppelin hace algunos años. Nunca olvidé que prometí dar lo mejor de mí mismo en este relato. En él fusiono dos cosas que me fascinan: Los mitos de Cthulhu y la cultura japonesa (concretamente la idea de la chica de infierno o "Jigoku Shoujo"). Pensé que sería genial que alguien hiciera esta extraña mezcla así que decidí hacerla yo. Según escribía sobre ella, sobre su historia, me fui dando cuenta de que mi chica del infierno iba volviéndose única, y así es. Admito que tiene como base un personaje ya creado y quizás eso no guste a algunos. Pero al final me ha salido un personaje mío. Un personaje que decidí trabajar mucho más en relatos posteriores, con toda una historia digna de su propia entrada aquí. Y así, mi chica del infierno se ha vuelto un personaje recurrente, con cierta importancia dentro del universo de mis relatos. En este no tiene demasiado protagonismo de manera directa y quizás de la sensación de no estar muy trabajado, de no ser tridimensional. Eso es porque he querido guardar todos sus secretos para futuras historias.
Espero que os guste Zeppelin, que os haga estremecer, que os haga pensar y que os deje con ganas de más. Muchas gracias a todos por leerme y apoyarme. Antes de dar paso a la historia, quiero avisar de que he decidido mantener muchas palabras en japonés ("senpai" que significa "compañero", o "mofuku" que es una clase de kimono) y en esta primera parte se usan diminutivos (-chan; -ko) cariñosos propios de la juventud japonesa.
Disfrutadlo.
—De un viaje que hicieron a Brasil. Se sabe porque iba
a comprarla un famoso empresario —Shinju entonces había conseguido la atención
de sus dos amigas. Y se dispuso a contar la historia.
Continúa aquí.
I. Hanami
Akari no podía estar más contenta: Aquel había sido su mejor
año con diferencia. Además acabó el curso como la mejor de la clase, y tras dos
semanas de vacaciones, quería empezar con la misma fuerza. Como era habitual a
finales de marzo, el Parque Ueno de Tokio se encontraba bañado por el colorido
de las Sakuras. El sol brillaba alegremente y la gente paseaba en familia.
La joven había quedado al mediodía con Shinju: una compañera
de clase; para comprar ropa y, como todos los demás, maravillarse con el
paisaje. Tomó una bocanada de aire y se sentó en el césped. Dentro de poco la
tranquilidad de las vacaciones acabaría y tendría que ponerse a estudiar. Se
distrajo viendo jugar a unos niños, corriendo de aquí para allá entre risas.
Fue justo el momento en que alguien la saludó:
—¡Akari!— dijo una voz alegre. La chica se dio la vuelta
sobresaltada.
—¡Haru-chan! —Se levantó y abrazó a su compañera de clase— ¡Qué alegría verte!
—¿Qué haces aquí? ¿Qué tal las vacaciones? ¿Conociste algún
chico? ¡Ponme al día Akari-chan!— preguntó apresuradamente sin soltarla.
—He quedado con Shinju para pasear y comprar; ¡las
vacaciones muy bien! —Sonrió— ¡Fui a Italia unos días y...! —Se paró a pensar— ¿Cuál era la otra
pregunta?— dijo mientras se separaban.
—¡Si conociste algún chico! —respondió alegre—. Akari dejó
escapar una pequeña risa.
—¡Ahhh...! ¡Ya te contaré! Y espero que me cuentes tú
también, ¿eh? Por cierto, te llamé hace dos días para que vinieses hoy con
nosotras pero tu móvil no daba señal, y en casa no lo cogían. —Se sentaron en
el césped.
—Es que me robaron el teléfono y el fijo hace cosas muy
extrañas últimamente. Deben de haber tocado algún cable fuera o algo. Ya avisó
mi padre a la compañía telefónica.
—¿Te has ido de viaje?
—Fuimos a ver a mis abuelos al campo. Es un poco aburrido,
pero les quiero mucho y ahí se descansa y puedo olvidarme del estrés de la
ciudad. ¿Dónde estuviste de Italia? ¿Visitásteis Roma?
—¡Sí! Es muy bonita —dijo sonriendo—. Tengo que enseñarte
fotos... ¡Y darte lo que te he comprado!
—¿Me has comprado algo?
—¡Claro! —Haru volvió a abrazarla mientras soltaba un
extraño grito de felicidad.
—¡Akari-ko! ¡Haru-ko! —Era la voz jadeante de su amiga
Shinju, quien venía corriendo— ¡Perdón por el retraso!
—¡Shinju-chan! —dijeron las dos amigas al unísono. Cuando
por fin llegó a donde se encontraban, fue recibida con un fortísimo abrazo por
parte de las dos.
—No te preocupes kohai, ¡nos has dado tiempo a Haru y a mí a
ponernos al día!
—Bueno, en ese caso —sonrió— no me sentiré tan culpable. —Volvieron a sentarse en el césped.
—¿Dónde has estado tú, Shinju? —preguntó Haru—. ¿Qué ha sido
de ti?
—¡Eso iba a preguntarte yo! Te llamé y te llamé y no daba
señal tu teléfono.
—Es que me lo han robado... Gomen...
—No te disculpes por eso, Haru. Es que pensaba que te había
ocurrido algo malo. Realmente me alegro muchísimo de verte, y más después de la
historia que me contaron.
—¿Qué historia? —preguntó Akari.
—Veréis, he pasado estos días en Osaka, en casa de mi prima
Natsumi y fue ella quien me lo dijo...
—Pero, ¿el qué? —Haru estaba realmente intrigada.
—¿No ha salido en las noticias? ¿Lo de esa pareja de
Hirano-ku? No se hablaba de otra cosa allí.
—Yo he estado en Italia, y Haru perdida por el campo... Así
que realmente no sé si se ha dicho algo. Admito que he estado bastante dejada
de las noticias estos días.
—Bueno pues no sé qué habrá de verdad en esto. Mi prima
Natsumi conoció a los protagonistas. Él, se llamaba Kenji y era un importante
marchante de arte. Los vecinos decían que en su casa había cosas increíbles.
Desde cuadros europeos muy caros hasta una Muramasa. Ella era una preciosa
mujer americana, de nombre Vesper. —Sus amigas se quedaron boquiabiertas— El
marido llamó a la policía para denunciar que su mujer llevaba horas
desaparecida. Cuando la policía llegó, ambos estaban muertos en el salón.
—¿Qué ocurrió? —A Haru le encantaban las historias de ese
tipo. Y esta pintaba bien.
—¿Habéis oído hablar de Jigoku no Tenshi?
—El enviado de Enma —respondió Haru—. Se dice que puedes
hacer un pacto con él. Matará a quien tú quieras a cambio de tu alma.
—Eso es. La gente comenta que ha sido obra suya. Incluso
dentro de la policía se dice —dijo Shinju. Un silencio anormal se apoderó del
ambiente—. Yo he escuchado que arrastra ambas almas al infierno —susurró—. Se
aparece casi siempre en forma de joven aristócrata, ataviada con un mofuku.
—¡Venga ya! —gritó Akari, rompiendo la atmósfera de terror
que se había formado—. Esos son cuentos que se inventan para asustar a los
jóvenes. Leyendas urbanas, ¡nada más! ¿Cómo puedes siquiera saber tú si la
policía sospecha de eso?
—Toda leyenda tiene algo de realidad senpai —espetó Haru—. Y aunque no pienses así, deja que Shinju termine de contar la historia.
Akari guardó silencio mordiéndose la lengua mientras que Haru
pareció sumergirse en aquella historia. Ya no veía las preciosas flores de los
cerezos, ya no sentía el viento acariciar su rostro. No oía a los niños reír,
ni olía el embriagador aroma del césped recién cortado. Todo había desaparecido
en pos de aquella historia de terror. Desconocía qué era verdad y qué era
mentira. Desconocía realmente si el Ángel del Infierno que se llevaba a sus
víctimas al fuego eterno por el rencor de una sola, existía.
—La historia comenzó hace algunas semanas. —Prosiguió
Shinju— Como dije, mi prima los conocía y me ha confirmado al cien por cien
muchas de las cosas que os voy a contar. Sabe, por ejemplo, que sí que eran
marchantes de arte. Que, como vecinos de Hirano-ku, no vivían nada mal aunque
tampoco eran excesivamente pudientes. Me dijo mi prima que ejercían su
trabajo con ética. Se alejaban de aquellos productos de dudosa procedencia,
aunque no dudaban en ir ellos mismos a los parajes más recónditos para hacerse
con extrañas piezas. Y fue una de esas piezas la que, por lo visto, causó todo
el daño.
—¿Tu prima vio ese objeto? —preguntó Akari.
—No —respondió Shinju. Su amiga suspiró escépticamente—. Pero es que tampoco ha entrado en la casa a cotillear. Se trata de una figura
de arcilla, y se dice que uno de los detectives que llevó el caso enloqueció.
Ese es el poder de tal objeto. Un vecino de mis tíos contó que había escuchado
que en la comisaría tenían tanto miedo a la estatuilla que después de lo que le
ocurrió a ese pobre desgraciado, el comisario le pidió a un hombre ciego que la
guardase en una caja de madera.
—¿De dónde sacaron la estatuta? —esta vez quien preguntaba
era Haru.
Continúa aquí.

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