IV. Más allá de los Alpes del Cielo
En la bóveda anaranjada, de nubes rosadas y con la luz
cansada pero contenta. Ahí te diría que
te quedaras a mi lado. Que se paren los relojes, que no
pienso decirte adiós. Porque entonces
nos tocará volver a subir el Sol. Y el tiempo deberá correr
otra vez hasta que volvamos a
encontrarnos.
Y esperaré lo que haga falta para poder llevarte a esas
montañas que nunca acaban, donde
todo lo que importe sea absolutamente…
Nada.
Y no hará frío ni hará calor. No habrá más llanto y dejaremos
pasar las preocupaciones. Será nuestro rincón, nuestra fortaleza contra
cualquier guerra.
Escudriñé las estrellas
Esperando que cayeras.
Sabía que eres un ángel con alas.
De todas eres la más guapa.
Unos regalarán mil lunas
Pero yo, yo te doy mi vida.
Que de estas, niña, sólo hay una.
Porque sin ti todo es nada.
Y nada es tan grande
Como tu mirada.Continúa leyendo
(Imagen sacada de aquí)

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